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miércoles, 28 de agosto de 2013

"El Proyecto Nacional - Mi testamento político" 2ª Parte: LA IGLESIA - LAS FUERZAS ARMADAS

 LA IGLESIA

Existe una cabal coincidencia entre nuestra concepción del hombre y del mundo, nuestra interpretación de la justicia social y los principios esenciales de la Iglesia.
Ya en otra oportunidad busqué ofrecer una visión espiritual y trascendente del hombre y su puesto peculiar en la historia y la realidad.
Un hombre hecho a imagen y semejanza de Dios, realizando su existencia como sujeto histórico que desempeña en el mundo una mística espiritual única entre los seres de la Creación. Tal hombre, realizado en la comunidad, está lejos de concretar fines egoístas o burdamente materiales pues, como ya lo sabían los griegos, no hay equilibrio posible en una comunidad en la que el alma de sus habitantes ha perdido una armonía espiritual.
En este sentido, no sólo los principios filosóficos guardan plena coherencia; la Iglesia y el Justicialismo instauran una misma ética, fundamento de una moral común, y una idéntica prédica por la paz y el amor entre los hombres.
No vacilo en afirmar que toda configuración socio-política, tanto nacional como mundial, supone, además de una clara exigencia nacional, una sólida fe superior, que impregna de sentido trascendente los logros humanos.
Si en las realizaciones hsitóricas dependemos de nuestra propia creatividad y de nuestro propio esfuerzo, el sentido último de toda obra estará cimentado siempre sobre los valores permanentes.
No pretendo evaluar integralmente la concepción de la Iglesia, a los propósitos de un modelo temporal como es el Modelo Argentino.
Pero estoy seguro, eso sí, que el llamamiento de las cartas encíclicas, las construcciones pastorales y las cartas apostólicas - particularmente en las más recientes - constituyen para nosotros un aporte claro y profundo. Pienso que, es este terreno, el Modelo Argentino sólo necesita que ese mensaje sea adoptado eficientemente.
Presento un Modelo Nacional, Social y Cristiano.
Al núcleo trascendente del hombre argentino va esta respuesta: es hora de superar una visión materialista que amenaza aturdir al ciudadano con incitaciones sensoriales que dispersan su vida interior.
La ruta que debemos recorrer activamente es la misma que definen las escrituras: un camino de fé, de amor y de justicia, para un hombre argentino cada vez más sediento de verdad.


LAS FUERZAS ARMADAS 

Pienso que el mundo del futuro tiene una sila posibilidad para poder realizarse: adoptar la concepción universalista, es decir, concebirse totalmente integrado. Para ello, es imprescindible que las naciones ingresen decididamente por el camino de la paz.
Sin embargo, la organización del mundo según la concepción universalista, no implica la desaparición de fricciones por discrepancias en el nuevo orden internacional, especialmente durante la etapa de gestación de esa nuevo mundo. Tampoco excluye totalmente las posibilidades de que se produzcan conflictos bélicos, a través de los cuales determinados grupos, especialmente los económicos, pretenderán satisfacer sus propios intereses.
Es más, la marcha hacia el universalismo, en su sucesivas etapas (nacional, regional y continental), se caracterizará por la lucha que desarrollarán las naciones para independizarse de los imperialismos que las mantienen oprimidas.
El Modelo Argentino define, claramente, el estilo nacional que deberá identificar a la República en el futuro y, además, establecer los grandes objetivos que deberán alcanzarse para lograr la total liberación nacional.
Tal circunstancia implica que las Fuerzas Armadas, adecuadamente reorganizadas en base al real potencial de la Nación y a las verdaderas exigencias de la Defensa Nacional, se apresten a respaldar firmemente la transformación que marca la República. Transformación que, por otra parte, no es más que la materialización del deseo manifestado por el pueblo argentino, de eliminar definitivamente las formas de opresión de distinta naturaleza que durante decenios ejerció el imperialismo, para detener, en beneficio propio, el desarrollo nacional.
A fin de enmarcar con precisión las misiones que cumplirán las instituciones Armadas, deberá tenerse particularmente en cuenta que no sólo se limitarán a prepararlas para el desarrollo específicamente militar, sino que participarán decididamente en el proceso de liberación nacional, contra toda forma de imperialismo interno o externo.
Dicha intervención se concretará mediante actividades de apoyo a la comunidad y a través de acciones de tipo educativo que se dirigirán, especialmente, sobre el personal de tropa que anualmente pasa por sus filas, y que se extenderán al personal de cuadros, quien tendrá a su cargo difundir y predicar la Doctrina Nacional. Doctrina que sintetizándola podríamos definir como las máximas aspiraciones argentinas, vertidas en el Proyecto Nacional. 
Las Fuerzas Armadas son parte del pueblo y, como tal, están integradas con el mismo. La unión y solidaridad  del pueblo y Fuerzas Armadas son una precondición para que fructifique la Democracia Social de nuestro Modelo Argentino.
En consecuencia, a las Fuerzas Armadas, como a cualquier otro sector de nuestra sociedad, les compete desempeñar un rol preponderante en la Doctrina Nacional. Esto significa, que si bien nuestras Instituciones Armadas, ante la eventualidad de un conflicto militar, constituirán la columna vertebral del sistema de defensa, su participación no se limitará a prepararse para esas posibilidades. También colaborarán firmemente en los esfuerzos en que se empeña el Estado Argentino y el resto de los sectores nacionales, con la finalidad de alcanzar y consolidar el desarrollo armónico de la República.
Nuestras Fuerzas Armadas asumieron plenamente la tarea de defensa contra el neocolonialismo y su compromiso consiste en la participación activa en la reconstrucción del país realizada con sentido nacional, social y cristiano.
Un nuevo aporte, en estas circunstancias, será el de contribuir a la formulación del Proyecto Nacional como otro grupo efectivo de pensamiento de los que conforman la comunidad argentina, señalando para cada uno de los grupos que responden al quehacer nacional, qué es lo que conciben más apropiado para lograr la grandeza y la felicidad del pueblo argentino.
A fin de cumplir con eficiencia las misiones generales señaladas, nuestras Instituciones Castrenses deberán reunir ciertas características que enunciadas configuran el Modelo de Fuerzas Armadas que necesita el país para respaldar su futuro.
Consecuentemente, las Fuerzas Armadas Argentinas deben :

  1. Tener un profundo conocimiento de los objetivos nacionales y consustanciarse con ellos. 
  2. Integrarse estrecha y realmente con el pueblo del cual se nutren y a quien se deben
  3. Establecer íntimo contacto con los diferentes sectores de la sociedad a fin de comprender sus problemas y necesidades, única forma para materializar objetivos comunes.
  4. Elaborar la Estrategia Militar basada en la que adopte al Estado. Consecuentemente, elaborar la Doctrina Militar Nacional y estructuras las organizaciones adecuadas para satisfacer sus exigencia
  5. Desarrollar una verdadera Doctrina Conjunta que facilite y haga más eficiente el accionar militar 
  6.  Coparticipar activamente en el desarrollo nacional fomentando áreas aún no abarcadas por los sectores privados y vinculadas con la defensa nacional
  7. Impulsar decididamente la actividad científico-técnica, con la finalidad de desarrollar una industria bélica nacional que la autoabastece, eliminando la dependencia del extranjero
  8. Sumar su acción a los esfuerzos que los sectores nacionales realizan en las distintas áreas de la comunidad, para romper con la sujeción material o espiritual ejercida por los grandes intereses extranacionales
  9. Participar activamente, con su tecnología, medios y personal, en la ejecución de los programas industriales que se realicen en el ámbito civil, fundamentalmente en aquellos de importancia estratégica, como el Plan Siderúrgico Nacional, y en los que sean fuentes de producción de sus propias necesidades
  10. Cooperar con la comunidad en cuanto oportunidad pueda prestar su concurso en pro del bienestar del pueblo
Así concibo a nuestras Fuerzas Armadas, consustanciadas con nuestro puebklo en una estrecha e indestructible unidad espiritual

jueves, 22 de agosto de 2013

"El Proyecto Nacional - Mi testamento político" Juan Perón 2ª Parte: LOS EMPRESARIOS

LOS EMPRESARIOS

Para calificar la función del empresariado en la Democracia Social argentina, partimos de que la empresa se organiza sobre una base humanista. Los criterios para ello nacen de la esencia de este Modelo Argentino, social y cristiano.
El primer objetivo de la empresa en una sociedad que quiere justicia social auténtica, no es simplemente el beneficio, sino el servicio al país.
El beneficio de la empresa, en nuestra concepción, debe establecerse de forma tal  que se asegure una retribución justa al empresariado como factor de producción, lo cual incluye cierta retribución de riesgo que se hace mínimo en la medida en que se trabaje con planificación; y que determina también que los frutos del progreso se difundan a toda la comunidad a través del sistema de precios.
Sólo cuando el empresariado procura prestar el mayor servicio al país, admitiendo límites mínimos y máximos a su beneficio, puede coincidir lo que es conveniente tanto para el empresariado como para el país. Esta coincidencia es una precondición para que exista una Democracia verdaderamente Social.
La admisión de que la empresa constituye un bien social y que la participación de los trabajadores en su funcionamiento y beneficio es una realidad irreversible, constituyen elementos de juicio que deben ser adecuadamente reglamentados.
Otro aspecto reside en la participación de los empresarios en las decisiones. La fisonomía de esta participación admite formas que van desde el asesoramiento al gobierno hasta compartir ciertas actividades con él. Será la sociedad la que determinará, a través de sus mecanismos idóneos, cuál será la competencia específica que le corresponda para cada uno.
La empresa debe ser concebida como un sistema cuya eficiencia debe ser siempre incrementada.
Ella es el ámbito esencial de aplicación de la tecnología en el proceso productivo y reconocemos que básicamente la expansión de esa producción se debe originar en el efecto de la eficiencia. 
Se reconoce también como decisivo el aporte del empresariado a la estructura de precios que en todo momento debe adecuarse al desarrollo deseado.
Desde el punto de vista del beneficio empresario, el mismo debe guardar estrecha relación con la aspiración de trasladar a la comunidad los frutos del progreso, a través del sistema de precios.
Esto implica la necesidad de establecer las formas de producción y comercialización que sean intrínsecamente más aptas para funcionar dentro del Modelo requerido. La sociedad deberá decidir sobre ello, considerando separadamente cada actividad en desarrollo.  

miércoles, 21 de agosto de 2013

"El Proyecto Nacional - Mi testamento político" Juan Perón 2ª Parte: LOS INTELECTUALES

LOS INTELECTUALES 

El mundo vive un momento de extraordinaria evolución en los ámbitos científico-tecnológico y filosófico, lo que origina cambios de trascendencia, muchos de los cuales ocurren a lo largo de la vida de un solo hombre.
La figura del intelectual constituye un verdadero seguro contra la incertidumbre y la vacilación. 
El futuro debe edificarse sobre bases tanto filosóficas como eminentemente prácticas. Por ello, el intelectual debe remitirse a interpretar el cambio y a vislumbrar, con suficiente anticipación; a poner en juego la inteligencia junto con la erudición, la ciencia social junto con la ciencia física; el mundo de las ideas junto con el de la materia y el del espíritu; y la idea, junto con la acción concreta.
Eso hace necesaria la presencia activa del intelectual en todas las manifestaciones de la vida. Pasó la época en que podía admitirse la carencia o la evasión de talentos.
Cuando rige una sociedad competitiva, que se mueve económicamente en función  del beneficio y que no valora el costo social de su forma de ser, la necesidad de la intelectualidad se resiste básicamente a los procesos de producción y a las exigencias del mercado.
Los intelectuales de las ciencias sociales quedan allí remitidos a ser evaluadores de un cambio social, de cuyo proyecto no participan y resultan idealistas, trabajadores conceptuales a alto nivel, pero no activistas del cambio. 
Cuando, por el contrario, se quiere construir una Democracia Social en la cual se produce según las necesidades del hombre, se valoriza al hombre en función social como el fin de la tarea de la sociedad, se asume la necesidad de trabajar con programación y participación auténtica, y se toma la responsabilidad de formalizar un Proyecto Nacional y de concebir a la sociedad del futuro y trabajar para ella como un proceso, la dimensión de la tarea intelectual que este proceso requiere se hace realmente muy grande.
Para identificar en nuestro medio el papel de los intelectuales baste recordar que el Proyecto Nacional a que aspiramos tiene el valor, no sólo conceptual sino práctico, y resulta de una tarea interdisciplinaria. Para ello debe tenerse especialmente en cuenta: lo que los intelectuales conciben, lo que el país quiera, y lo que resulte posible realizar.
Su tarea de aporte a la reconstrucción de la argentinidad está así claramente definida. La forma de enfrentarla está, también, precisada por el hecho de que la labor debe ser realizada con participación auténtica de todos los elementos que representan nuestra comunidad.
Toca a la intelectualidad argentina organizarse para asumir su papel. El intelectual argentino debe participar en el proceso cualquiera sea el país en que se encuentre.
No han de bastar para ello las declaraciones ampulosas.
El sistema liberal ha formado intelectuales para frustrarlos. Les ha negado participación y ha creado las condiciones para que no exista reconocimiento social ni reconocimiento económico a su labor.
La distorsión en la escala de valores ha sido tan absurda, que el intelectual argentino ha terminado siendo un extraño en su propia tierra.
La comunidad que deseamos consolidar tiene que desarrollar un reconocimiento social adecuado a la labor del intelectual auténtico y adoptar previsiones que preserven siempre este estado de cosas. Se trata no sólo del reconocimiento económico, sino particularmente de su valorización social y política. Se trata también de institucionalizar su participación y de establecer medios de evaluación del intelectual auténtico.
Queremos, por lo tanto, una sociedad en la que el hombre valga por sus conocimientos y sus condiciones morales y no por sus diplomas y sus vinculaciones sociales.
Esto exige un adecuado régimen universitario y la vigencia constitucional de los derechos del intelectual.  

lunes, 19 de agosto de 2013

"El Proyecto Nacional - Mi testamento político" Juan Perón 2ª Parte: LOS PARTIDOS POLÍTICOS - LOS TRABAJADORES

LOS PARTIDOS POLÍTICOS 

En un país institucionalmente representativo, la organización de las fuerzas políticas debe ser representativa para servir con fidelidad al país.
Para ello, toda organización política debe tener establecida claramente su unidad de doctrina, en la cual se apoyarán sus estructuras orgánicas y su accionar.
La unidad se logra básicamente cuando se logra disponer de un profundo conocimiento del país y se hayan determinado, con claridad, los objetivos que desean alcanzarse y los medios a utilizar.
La Democracia Social que deseamos no se funda esencialmente en figuras de caudillos, sino en un estado de representatividad permanente de las masas populares.
Todas las fuerzas políticas necesitan de la acción armónica de quienes conciben la doctrina, de los que la predican y de los que habrán de ejecutarlas.
La doctrina de cada partido debe ser predicada y no solamente enseñada. Ello significa que hay que hacerla conocer, comprender y sentir.
Pero todo partido político, para que ejerza una acción eficiente, requiere no solamente del valor numérico de sus integrantes, sino también de una base ideológica explícitamente establecida. Tal aspecto podrá evidenciarse a través de una clara plataforma política que no será otra cosa que lo que el partido conciba como Proyecto Nacional.
Esta es, a mi juicio, la forma en que cada partido político debe concebir los medios para lograr los objetivos en los diferentes campos del quehacer nacional 

LOS TRABAJADORES

En nuestra concepción, el trabajo es un derecho y un deber porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume.
Los trabajadores constituyen uno de los pilares del proceso de cambio.
En el momento en que teníamos que rescatar a la sociedad argentina de una concepción liberal, los trabajadores configuraron la columna vertebral del proceso. En la comunidad a que aspiramos, la organización de los trabajadores es condición imprescindible para la solución auténtica del Pueblo.
A partir del principio de libre posibilidad de constituir sindicatos, el Justicialismo siempre se sustentó en el criterio de la indivisibilidad de la clase obrera organizada. Se requiere, en consecuencia, una sola central obrera.
El fundamento del vínculo es la solidaridad. Las organizaciones sindicales viven al impulso de esa solidaridad, que es la que dá carácter permanente a la organización, y la única fuerza indestructible que se aglutina. Ello con el claro sentido de que, además de la solidaridad de la organización, está vigente la esencia de la solidaridad individual de los hombres que la integran, por la sola razón de ser trabajadores.
Los objetivos de las organizaciones de trabajadores residen en la participación plena, la colaboración institucionalizada en la elaboración del Proyecto Nacional, y su instrumentación en la tarea del desarrollo del país.
Los trabajadores tienen que organizarse para que su participación trascienda largamente la discusión de salarios y condiciones de trabajo. El país necesita que los trabajadores, como grupo social, definan cuál es la comunidad a la que aspiran, de la misma manera que los demás grupos políticos y sociales.
Se requiere la presencia activa de los trabajadores en todos los niveles.
Ello exige actualización y capacitación intensas y exige, también, que la idea constituya el medio esencial que supere a todos los instrumentos de lucha.
Las organizaciones sindicales no valen sólo por la cantidad de componentes que agrupan, sino también por los dirigentes capacitados que las conducen. Debe procederse a la formación de líderes en todos los niveles.
Ello es fundamental para que los trabajadores cumplan con toda la responsabilidad social que este Modelo Argentino les asigna.
La capacidad para decidir y para participar en las organizaciones de los trabajadores forma parte de las condiciones fundamentales del dirigente gremial.
Los Derechos del Trabajador, consagrados en nuestra reforma constitucional de 1949, tiene plena vigencia e integra este Modelo. Los derechos a trabajar, a una retribución justa, a la capacitación, a condiciones dignas de trabajo, a la preservación de la salud, al bienestar, a la seguridad social, a la protección de su familia, al mejoramiento económico y a la defensa de los intereses profesionales, contenidos en dicha reforma, tienen que ser adicionados con el derecho a la participación plena, en los ámbitos en los cuales el trabajador sea convocado por leyes especiales y, 
además, con el derecho de participación en las empresas en las cuales se desenvuelve.   

domingo, 18 de agosto de 2013

"El Proyecto Nacional - Mi testamento político" Juan Perón 2ª Parte: LA FUNCIÓN DE LOS GRANDES SECTORES DE LA VIDA NACIONAL

8 - LA FUNCIÓN DE LOS GRANDES SECTORES DE LA VIDA NACIONAL
El Gobierno

El Gobierno debe hacer lo que el Pueblo quiere y defender un solo interés: el del Pueblo.
Las tareas del gobierno deberán orientarse hacia dos finalidades esenciales: la grandeza de la Nación y la felicidad de su Pueblo.
Lo justo es desarrollar una acción nacional tendiente a alcanzar la prosperidad, sin que para ello sea preciso sacrificar el mínimo de libertad a que los pueblos tienen derecho.
Nuestro Modelo exige, también, un gobierno para una revolución en paz. Esto significa que el papel permanente del gobierno reside en conducir al sector político-administrativo y simultáneamente realizar los ajustes necesarios de estructuras, con amplia visión de futuro.
Es necesario tener en cuenta  que normalmente toda tarea de transformación suele herir determinados intereses que poseen su propio mecanismo de defensa. Por ello, para que la transformación sea posible no basta con un gran impulso entusiasta. Hace falta, también, una seria perseverancia.
Pero, además, se requiere capacidad para organizar su propia estructura y definir su propio crecimiento. El Proyecto Nacional debe constituir uno de los medios esenciales para que el gobierno marche ordenadamente hacia los fines establecidos.
Dadas estas condiciones, un mandato importante del gobierno, en la actual circunstancia, es crear las bases necesarias para la elaboración del Proyecto Nacional, e instrumentarlo una vez realizado.
El gobierno debe lograr que todo lo que se establezca en el Proyecto Nacional, resulte debidamente ejecutado y cumplido. 
El país necesita ver materializado el Proyecto Nacional.
De lo contrario, otros serán los efectos sociales que se obtengan.
Corresponde al gobierno conducir debidamente el proceso; conciliar la acción de todos los partícipes del quehacer social, allí donde esta acción sea necesaria; coordinar la marcha del país, y establecer los adecuados sistemas de control para corregir el rumbo cuando se haya desviado.
En consecuencia, el gobierno que necesitamos debe caracterizarse por:

  1. Tener centralizada la conducción y descentralizada la ejecución;
  2. Actuar con planificación, estableciendo la suficiente flexibilidad que permita introducir los reajustes que correspondan. Entre los planificadores y quienes decidan y ejecuten, debe existir una absoluta coincidencia de equipo; 
  3. Posibilitar la participación de todo el país, procurando instrumentar la forma para facilitar el alcance de los objetivos propuestos.
  4. Concebir el gobierno como un medio al servicio total de la comunidad, para lo cual deberá lograr la máxima eficiencia posible; 
  5. Contar con funcionarios estables, de la mayor capacidad, que permanezcan ajenos a los cambios políticos.  

sábado, 17 de agosto de 2013

"El Proyecto Nacional - Mi testamento político" 2ª Parte: LA ORGANIZACIÓN INSTITUCIONAL

7 - LA ORGANIZACIÓN INSTITUCIONAL

En este terreno he insistido que nuestra posición es la de proceder a realizar una revolución en paz. Eso significa que todo lo debemos hacer dentro de la ley y que nada debe realizarse fuera de su alcance.
Nuestra comunidad habrá de funcionar sobre la base de la fuerza del derecho.
Ya he dicho en la versión histórica de este trabajo que debemos corregir el defecto de creación de las instituciones jurídicas que provienen del liberalismo, por el cual primero se dictaba la norma y luego se procedía a la asignación de funciones. Nosotros deberemos actuar precisamente a la inversa. Es decir, que, en primer lugar, se establecerán las funciones requeridas y luego dictaremos la norma que resulte adecuada para el fin propuesto.
Así concibo la raíz del problema institucional de nuestra futura comunidad. De ello nace la necesidad de trabajar con programación institucional, y de realizar un control permanente de la eficiencia del sistema de normas, y de cada una de éstas en particular.

LA DEMOCRACIA SOCIAL Y LA PROGRAMACIÓN INSTITUCIONAL

He definido a la democracia que debemos consolidar como una Democracia Social. Consecuentemente con ello, nuestra forma de Gobierno deberá ser: Representativa, Republicana, Federal y Social.
Social por su naturaleza, por sus objetivos, y por su desenvolvimiento; libre de preconcepciones dogmáticas y de extremismos. Social, en fin, en un sentido intrínsecamente cristiano.
En la democracia que deseamos, no existirá incompatibilidad alguna entre la permanente actualización de la libertad individual y una imprescindible planificación con adecuados recaudos de flexibilidad.
Definida en estos términos la futura sociedad argentina, el mejor camino para alcanzarla es gobernar sobre la base de una minuciosa programación.

DATOS PARA LA PROGRAMACIÓN INSTITUCIONAL  

Estos son los datos para la programación institucional que propongo:

  • Se concibe al país como un verdadero sistema. En el mismo, el campo institucional estructura el marco y establece las reglas de juego fundamentales de tal sistema, en términos jurídicos.
  • Se pide al sistema eficiencia social mínima. Para ello, la planificación es un instrumento; y el gobierno con planificación un método de gobierno.
  • El sistema debe funcionar con participación de todos los entes representativos de la comunidad.
La participación dentro de nuestra Democracia Social deberá funcionar de una manera real y efectiva. El ciudadano se expresa como tal a través de los partidos políticos, cuyo eficiente funcionamiento ha dado, tradicionalmente, al Honorable Congreso Nacional su capacidad de crear historia a través del voto de las leyes. Pero también se expresa a través de su condición de trabajador, intelectual, empresario, militar, sacerdote, etc. Como tal tiene que organizarse para participar en otro tipo de recinto, como puede ser el Consejo para el Proyecto Nacional.
La tarea de ese Consejo deberá enfocarse hacia esa obra en la cual todo el país tiene que empeñarse: el Proyecto Nacional.
Todas estas cuestiones deberán ser obviamente tentadas a través de los mecanismos legales correspondientes para que adquieran la vigencia necesaria.
En todos los casos, se trata de una comunidad que desarrolle al máximo el respeto al derecho de las mayorías y las minorías; y que institucionalice concretamente este respeto mediante criterios normativos que aseguren su representación.

EL MÉTODO DE TRABAJO INSTITUCIONAL

La Democracia Social requiere que la programación institucional sea instalada en su seno como un proceso y no como un evento transitorio que actúe con conceptos similares a los que rigen la planificación en los demás campos de la actividad social integrada; que sea conducida en forma interdisciplinaria; que los juristas que participen en la labor interdisciplinaria tengan como objetivo programar la norma para mañana antes que el código que consolida lo pasado; y que se hallen dispuestos a crear todas las nuevas instituciones jurídicas que la transformación requiera, sin ataduras de ninguna naturaleza.
Las normas que se establezcan, tendrán que contener también sistemas de control de su propia eficiencia, para proveer a su corrección oportuna. De lo contrario, todo nuestro esfuerzo jurídico-institucional, estaría dirigido a cristalizar lo que ya cambió. Configuraría un freno al ajuste necesario y, en cierta medida, una consolidación de valores no necesariamente deseables.
Es obvio que esto no significa desestimar el valor de la construcción pasada. Sólo quiere poner énfasis en la necesidad de una práctica creativa para anticipar los ajustes necesarios.

LA ADECUACIÓN INSTITUCIONAL

El camino a seguirse para efectuar los ajustes institucionales necesarios, deberá partir, naturalmente, de una reforma de la Constitución Nacional. Para ello, es preciso recoger las opiniones de los distintos sectores representativos de la comunidad argentina.
De esta forma, seremos fieles al principio de que las grandes realizaciones no se llevan a cabo sino con la participación de todo el país.
Con respecto a nuestra Constitución Nacional, es necesario tener en cuenta que deberá servir no sólo a una Nación que quiere alcanzar una fisonomía interna de Comunidad Organizada. También estará al servicio de un país que busca desempeñar un papel protagónico en la realización continental, etapa previa del futuro universalismo. 



viernes, 16 de agosto de 2013

"El Proyecto Nacional - Mi testamento político" Juan Perón 2ª parte: EL ÁMBITO ECOLÓGICO

EL ÁMBITO ECOLÓGICO

En la actualidad, atmósfera, suelo y agua han sufrido efectos degradantes transmisibles tanto al hombre, como a la fauna y a la flora, mediante reacciones directas o indirectas.
Las expresiones de la degradación son múltiples, y la corrección tiene que efectuarse a través de cada uno de los factores de degradación.
Lo esencial es que el hombre mismo sea el primer defensor del medio ambiente y que el Estado establezca los medios adecuados que logren una solución a los problemas que se presenten.
Considero conveniente señalar algunas premisas que es menester tener en cuenta para detener la marcha hacia un proceso que puede constituir el desastre de la humanidad.
Son necesarias y urgentes: una revolución mental en los hombres, especialmente en los dirigentes de los países altamente industrializados; una modificación de las estructuras sociales y productivas en todo el mundo, en particular en los países de alta tecnología donde rige la economía de mercado, y el surgimiento de una convivencia biológica dentro de la humanidad y entre la humanidad y el resto de la naturaleza.
Esa revolución mental implica comprender que el hombre no puede reemplazar a la naturaleza en el mantenimiento de un adecuado ciclo biológico general; que la tecnología es un arma de doble filo; que el llamado progreso debe tener un límite y que incluso habrá que renunciar a algunas de las comodidades que nos ha brindado la civilización; que la naturaleza debe ser restaurada en todo lo posible; que los recursos naturales resultan agotables y, por lo tanto, deben ser cuidados y racionalmente utilizados por el hombre; que el crecimiento de la población debe ser planificado sin preconceptos de ninguna naturaleza; que por el momento, más importante que planificar el crecimiento de la población del mundo, es aumentar la producción y mejorar la distribución de alimentos y la difusión de servicios sociales como la educación y la salud pública; y que la educación y el sano esparcimiento deberán reemplazar el papel que los bienes y servicios superfluos juegan actualmente en la vida del hombre.
Cada nación tiene derecho al uso soberano de sus recursos naturales. Pero, al mismo tiempo, cada gobierno tiene la obligación de exigir a sus ciudadanos el cuidado y la utilización racional de los mismos. El derecho a la subsistencia individual impone el deber hacia la supervivencia colectiva, ya se trate de ciudadanos o pueblo.
La modificación de las estructuras sociales y productivas en el mundo implica que el lucro y el despilfarro no pueden seguir siendo el motor básico de sociedad alguna, y que la justicia social debe erigirse en la base de todo sistema, no sólo para beneficio directo de los hombres sino para aumentar la producción de alimentos y bienes necesarios; consecuentemente, las prioridades de producción de bienes y servicios deben ser alteradas en mayor o menor grado según el país de que se trate.
En otras palabras, necesitamos nuevos modelos de producción, consumo, organización y desarrollo tecnológico que, al mismo tiempo que den prioridad a la satisfacción de las necesidades esenciales del ser humano, racionen el consumo de recursos naturales y disminuyan al mínimo posible la contaminación ambiental. 
Necesitamos un hombre mentalmente nuevo en un mundo físicamente nuevo. No se puede construir una nueva sociedad basada en el pleno desarrollo de la personalidad humana en un mundo viciado por la contaminación del ambiente, exhausto por el hambre y la sed y enloquecido por el ruido y el hacinamiento. Debemos transformar a las ciudades cárceles del presente en las ciudades jardines del futuro. 
El crecimiento de la población debe ser planificado, en lo posible de inmediato, pero a través de métodos que no perjudiquen la salud humana, según las condiciones particulares de cada país y en el marco de políticas económicas y sociales globalmente racionales.
La lucha contra la contaminación del ambiente y la biósfera, el despilfarro de los recursos naturales, el ruido y el hacinamiento de las ciudades y el crecimiento explosivo de la población del planeta debe iniciarse ya a nivel municipal, nacional e internacional. Estos problemas, en el orden internacional, deben pasar a la agenda de las negociaciones entre las grandes potencias y a la vida permanente de las Naciones Unidas con el carácter de primera prioridad. Esto, en su conjunto, no es un problema más de la humanidad: es "el" problema.
Todos estos problemas están ligados de manera indisoluble con el de la justicia social, la soberanía política  y la independencia económica del Tercer Mundo y la distensión y cooperación internacionales.
Muchos de estos problemas deberán ser encarados por encima de las diferencias ideológicas que separan a los individuos dentro de sus sociedades o a los Estados dentro de la comunidad internacional.
Lo expresado señala la conveniencia de establecer un adecuado registro de factores de contaminación, que determine, para cada uno de ellos, los medios de contaminación a través de los cuales operan otros factores, el potencial de degradación, la capacidad del medio ambiente para absorber a los factores sin degradarse y todo otro aspecto que resulte de interés a los fines indicados. 
El gobierno debe adoptar las máximas previsiones para preservar el ambiente ecológico hasta aquellos niveles que se consideren no perjudiciales para la vida humana. Debe, a su vez, disponer de un ente adecuado para el tratamiento de todos los aspectos inherentes al Ámbito Ecológico, tanto lo que concierne a la preservación de la vida como la determinación de las fuentes de recursos naturales.
Finalmente deseo hacer algunas consideraciones para nuestros países del Tercer Mundo:
Debemos cuidar nuestros recursos naturales con uñas y dientes de la voracidad de los monopolios internacionales que los buscan para alimentar un tipo absurdo de industrialización y desarrollo en los centros de alta tecnología donde rige la economía de mercado. Ya no puede producirse un aumento en gran escala de la producción alimenticia del Tercer Mundo sin un desarrollo paralelo de las industrias correspondientes. Por eso, cada gramo de materia prima que se dejen arrebatar hoy los países del Tercer Mundo, equivale a kilos de alimentos que dejarán de producirse mañana.
De nada vale que evitemos el éxodo de nuestros recursos naturales si seguimos aferrados a métodos de desarrollo, preconizados por esos mismos monopolios, que significan la negación de un uso racional de los mismos.
En defensa de sus intereses, los países deben propender a las integraciones regionales y a la acción solidaria.
No debe olvidarse que el problema básico de la mayor parte de los países del Tercer Mundo es la ausencia de una auténtica justicia social y de participación popular en la conducción de los asuntos políticos; sin Justicia Social el Tercer Mundo no estará en condiciones de enfrentar las angustias ante las difíciles décadas que se avecinan.
La humanidad debe ponerse en pie de guerra en defensa de sí misma. En esta tarea gigantesca nadie puede quedarse con los brazos cruzados. Por eso nuestro país, que aún tiene la enorme posibilidad de salvar su integridad ambiente, debe iniciar cuanto antes su campaña en el orden interno y, al mismo tiempo, unirse a todos los pueblos y gobiernos del mundo en una acción solidaria que permita solucionar este gravisimo problema.