Su llegada al pueblo Huinca
Después de muchas semanas de un viaje fatigoso y siempre pidiendo a Dios poder encontrar a Nemesia, pudo llegar a Huinca, aquél pueblito cordobés.
Luego de mucho recorrer y preguntar, pudo al fin localizar la casona donde habían llevado a la muchacha.
Pero el destino ya les había deparado la separación definitiva y lo que sería para Pancho Sierra el comienzo de su grandiosa misión.
La angustia de Pancho Sierra
Cuando golpeó la puerta de aquella casona, su corazón le anunciaba una mala noticia, y cuando lo atendió la dueña de casa, con el rostro compungido, le dió la mala noticia: hacía tres días que la muchacha habia muerto. "Murió nombrándolo a usted....-dijo la mujer-; ella estaba muy enferma y nunca quiso decírselo a usted, tuvo un fuerte ataque de asma y su corazón no le respondió...".
Luego, pasados esos momentos de gran incertidumbre, la mujer le entregó un atadito de ropa que perteneció a la dedichada muchacha, diciendo casi sollozando:"Era muy buenita, pero su corazón no respondió.....".
Los ojos azules y profundos de Pacho Sierra se lenaron de lágimas y tomando la ropa de la pobre Nemesia preguntó a aquella mujer dónde la habían sepultado y luego, sin articular palabra, salió de aquella casa con el corazón destrozado rumbo al camposanto a despedirse para siempre de la mujer que amó con todo su corazón.
Su llegada al cementerio
Al llegar al pequeño divisó inmediatamente, por la tierra recientemente removida, el lugar donde estaba sepultada Nemesia. Besó la cruz de madera con aquel querido nombre, y depositó sobre la tierra un ramo de flores y, luego de permanecer sin saber cuánto tiempo junto a aquella humilde tumba, donde derramó las lágrimas incontenidas por el profundo dolor de haber perdido lo que para él era su alegría, salió del cementerio con la mirada perdida. Allí, junto a su Nemesia, dejaba su corazón.
El triste regreso de Pancho Sierra
Durante largos días de regreso de aquel fatigoso viaje en diligencia, permaneció callado y una gran tristeza se notaba en sus grandes ojos azules. Solamente al llegar a la última posta, la del Árbol Solo, en el pueblo de la Villa de Luján, sintió una fuerza superior que lo sacó de aquel letargo; inmediatamente recordó la aparición de aquel anciano, de aquella voz tan dulce y recordó entonces con atención aquellas palabras:" Un último sufrimiento tendrás que pasar y ya estarás preparado para comenzar la grandiosa Misión que Dios te tiene preparada...".
Al continuar la marcha de regreso a Pergamino alcanzó a divisar por la pequeña ventanilla del carruaje, la torre blanca del primer Santuario de la Virgen de Luján, que fue inaugurado el día 8 de diciembre del año 1763 por obra de Juan de Lezica y Torrezuri.
Mientras se encontraba ya en la última etapa de aquel largo viaje de regreso a Pergamino el recuerdo de su amada Nemesia y las palabras del anciano que misteriosamente encontró en su camino ocupaban todos sus pensamientos hata llegar de regreso a la estancia"El Porvenir".
Mensaje de Dios en la estancia "El Porvenir"
Aquel amor desgraciado lo "aisló" por completo de todo lo mundano, ya no era más aquel hombre comunicativo y alegre, no cruzaba palabra con nadie y se encerró en el altillo de la estancia. Pasaba largas horas en un aislamiento y ayuno voluntario y sin salir de su encierro, mietras que una fuerza superior , a medida que el tiempo pasaba, iba preparándole espiritualmente para el comienzo de su grandiosa Misión, pues Dios le iba a dotar del poder para devolver la salud por medio de la fe a los enfermos del cuerpo y del alma.
Así pasó varios años, saliendo de su encierro a la medianoche para contemplar las estrellas y meditar a la luz de la luna. No faltó quien comentara que había y más de un viajero que a caballo o volante pasaba cerca de la estancia "El Porvenir" comentaba que Pancho Sierra se había enclaustrado en el altillo, pues un amor degraciado lo había trastornado. Su familia y cuantos le conocían lo juzgaban así y le aumentaban por día y lamentaban aquella desgracia.
Pero la verdad era muy distinta: aquellos años de alejamiento de todo lo mundano lo estaban preparando espiritualmente para el trabajo que Dios le tenía destinado.
Estando una noche en plena meditación a Dios escuchó una voz que ya había escuchado en otra oportunidad y que le decía:"Ha llegado la hora de empezar tu Misión. Dios te otorga el poder y tu epíritu se halla preparado. El Divino Maestro Jesús coloca en tus manos el fluído de la salud para todos los enfermos corporales y espirituales. El Espíritu Santo que vive y reina en tu cuerpo iluminará tu mente porque Dios te ha elegido....".
Luego esa misma voz le dictó una oración o plegaria para grabarla en su mente y ponerla en práctica sobre todos los necesitados, que decía así:
Gran Dios del Universo,
creador del cielo y de la tierra,
Padre de todo lo creado,
Santificado sea tu nombre
en todo el universo.
Perdona Señor nuestra maldad.
Líbrame Señor de todo mal
y no me dejes caer en la tentación
en el nombre del Espíritu Santo.
Un estremecimiento recorrió todo su cuerpo al reconocer aquella voz, que era la de aquel anciano que misteriosamente encontró en su camino aquella noche en Árbol Solo y una alegría infinita llenó su corazón, comprendiendo que aquel había sido un emisario de Dios. Una fuerza superior le impulsaba a la ayuda al prójimo, a dedicarse para ayudar a los necesitados material y espiritualmente