Otro hecho notable en el anecdotario de don Pancho Sierra sucedió a mediados del año 1885, cuando llegó a la estancia un hombre joven llamado Ezequiel Molina, quien estaba radicado en Buenos Aires y cuya tía, dueña de una gran estancia vecina a "El Porvenir", se encontraba muy enferma atacada de una fuerte congestión.
La señora era viuda y los sobrinos los únicos herederos. Cuando el hombre estuvo frente a don Pancho le preguntó:"Dígame, maestro,¿tiene para mucho mi tía...",a lo que el Gaucho, frunciendo el ceño le respondió:" Mirá m'hijo, te voy a dar una mala noticia....Lo de tu tía no es una enfermedad grave...Pero quien realmente está enfermo sos vos porque tu corazón no marcha bien; además, la ambición es una mala artimaña porque es muy triste estar deseando que se muera alguien para cobrar su herencia....".
Al escuchar aquellas palabras Ezequiel saludó de muy mala manera a don Pancho y se alejó rápidamente de aquel lugar. Poco tiempo después se supo que Molina había fallecido y su tía vivió muchos años más.
Otro caso extraordinario sucedió a principios del año 1890, cuando llevaron a la estancia una joven señora atacada de las piernas.Ese día, como de costumbre, "El Porvenir" era una verdadera romería y una interminable fila de coches, volantas y sulkys estaban alineados frente a la entrada de la estancia de los Sierra.
Cuando el carruaje que conducía a Nicasia( tal era su nombre) se detuvo frente a la tranquera, un hermano de ella llamado Cipriano gritó a los presentes: " Por favor, alguno que me ayude a bajar a mi hermana, que no puede caminar..." Varias personas ayudaron a la mujer a descender del vehículo y con muletas, muy difícultosamente se podia mantener en pie.
En esos momentos Pancho Sierra estaba como siempre al pie del aljibe y al verla gritó con voz potente:" Déjenla sola, que venga hacia mí...".
Todos los presentes, asombrados, miraron a la mujer, que en su rostro tenía las huellas del dolor y las alternativas de su dolencia física.
Al escuchar las palabras de don Pancho Sierra,el hermano de aquella señora respondió: "Don Pancho, no puede caminar sola, mi hermana hace un mes que quedó tullida de repente...".
El taumaturgo, con la mirada fija en la mujer, volvió a repetir: " Déjenla sola....Caminá m'hija, caminá que sola podrás llegar hacia mí....". Una fuerza superior impulsó a Nicasia y ante el asombro de todos los presentes pudo llegar sola hasta el aljibe famoso donde se encontraba don Pancho Sierra, quien en esos momentos decía: "La fe y la voluntad firme en Tata Dios nos ayudará siempre en las duras pruebas.....".
Luego le dió a beber el agua, la colocó la mano sobre la cabeza mirando siempra al cielo y al cabo de un rato la hizo sentar en un viejo banco hecho con troncos de eucaliptus y tranquilamente siguió atendiendo a los demás creyentes que pacientemente esperaban su turno en la larga fila. Habría pasado una hora, cuando volviéndose hacia la mujer le dijo:"Bueno m'hija, ya podés irte y dejame las muletas de recuerdo....". Todos los presentes dieron una exclamación de asombro cuando vieron a Nicasia que se incorporó y caminaba sin muletas, como si nada hubiese tenido. El hermano de aquella mujer lloraba de emoción diciendo: "Gracias don Pancho, que Dios lo bendiga..." y su joven hermana, besando las manos del taumaturgo, le dijo:" El primer hijo que yo tenga se ha de llamar Francisco y le diremos Pancho, pues esto que usted ha hecho conmigo, no lo olvidaremos nunca....".
Muchísimas anécdotas más enriquecen la abnegada vida del Gaucho de Pergamino. En cierta oportunidad, estando de recorrida por el pueblo de Salto, recibió la visita de dos muchachos procedentes de Junín. Ese día don Pancho se encontraba en casa de doña Honoria Camargo, como siempre rodeado de una verdadera multitud.
Aquellas jovencitas llegaron hasta Pancho Sierra pero solamente una de ellas era la que se encontraba muy afligida, atacada de una enfermedad de la piel.
Luego de atenderla y darle las recomendaciones necesarias don Pancho le preguntó a su amiga si ella necesitaba algo, a lo que la muchacha respondió que no porque solamente había ido para acompañar a su amiga.
Fue entonces que Pancho Sierra le profetizó: "La verdad m'hija es que vos no necesitás nada, pero quien necesitará mi ayuda será tu padre, puea en ese mismo momento ha sufrido un ataque, pero no te asustés, que no es nada de gravedad, aunque decile que su circulación es mala y que de haga ver por los médicos más seguido, y que no fume tanto porque el tabaco le hace mucho mal...".
Varios días después se confirmó que la profecía de don Pancho era exacta, pues aquella muchacha al regresar a Junín se encontraron con la noticia de que el padre de una de ellas había sufrido un principio de ataque de presión.
Dotado de una intuición poco común y de una extraordinaria clarividencia, su espíritu privilegiado captaba de inmediato cualquier emergencia a larga distancia.