JURAMENTO
Joven de elegante porte,
Francisco Sierra es su nombre.
Celeste tiene los ojos
del color del firmamento .
Por un amor imposible
él hizo este juramento.
Si de Nemesia no soy
pues no seré de ninguna.
Y en un altillo pasó
las más tristes amarguras
En largas meditaciones
lloró su pena de amor
y a Dios le pidió la firmeza
de seguir una misión
perdonando a los culpables
que tramaron la traición.
Con tan fervosa fe
pidió al Dios de las alturas
el poder para curar
a débiles y criaturas.
Y una noche en su encierro
se hizo presente el Creador.
Otorgándole el permiso
le grabó en su corazón:
"Yo te daré el don de sanar
con un vasito de agua
y una oración final".
Y...Don Francisco fue "Pancho"
para todos en general.
Sus cabellos y su barba
tan blanca como la nieve
llamaba más la atención.
Aquellos ojos celestes
leían el corazón.
Eva Romero de Torres
El gaucho de Pergamino
El Gaucho de Pergamino
va recorriendo distancias,
aliviando los pesares
en pueblos y las estancias.
¿Quién no va a conocerlo?
Si es el Gaucho del Amor.
El del agua cristalina
que nos calma el dolor.
En las noches tan serenas
su rostro creemos ver.
A través del bello cielo
están los ojos de él.
Eva Romero de Torres
Sangraba tu corazón
Perdona nuestra maldad, dijiste un día...
Cuando a tu Nemesia la fuiste a buscar
y sólo te dieron aquella ropita
porque su alma pura voló al más allá.
No me dejes caer en tentación.
Ese pensamiento lo elevaste a Dios
para que tus manos no se levantaran
contra los malvados en una rebelión.
En el nombre de Dios Todopoderoso
pediste lo más hermoso en honor
de tu Nemesia:
que Dios le alcance el perdón
porque en aquellos momentos
sangraba tu corazón.
Eva Romero de Torres
Olivo bendito
Una ramita de olivo fue la señal del Señor
que al caer sobre la frente a Pancho Sierra salvó.
El milagro se produjo en aquella habitación
donde su madre lloraba pidiendo su salvación.
Desde el crucifijo aquél Jesucristo la arrojó
haciendo cesar la fiebre que al momento terminó.
"El Porvenir" lo recuerda, pues fue mandato de Dios.
Aquel niño pequeñito vino con una misión.
Amor de paz
Bajo la protección de Dios y la Virgen
llegaste a este mundo
y eres para todos el ángel de la paz.
Hermanita Irma, tu imagen querida
nos va acompañando en todos los caminos
para alcanzarnos la felicidad.
Eva Romero de Torres.
Siempre presente
Jesús te iba guiando por un camino de luz
y tu Francisco curabas con la señal de la cruz.
Pancho Sierra bondadoso seguiste una misión,
de los pobres eres padre y el gauchito del amor.
Y si alguien en el camino nos detiene con maldad
tú estás siempre presente para librarnos del mal.
Al nombrarte Pancho Sierra siempre eres puntal
y nos defiende de todos con tu fuerza espiritual.
Eva Romero de Torres
Manto de Olvido
Cubrir con manto de olvido un amor que era sagrado.
Ese fue el grave pecado que pudieron cometer
destrozando así tu vida sin importarles tu ser.
Tu Nemesia te adoró
con un amor verdadero
pero alejada de tí
su almita voló
hacía el cielo
Hay seres que no comprenden que no se pueden herir
sentimientos tan profundos nacidos de un gran sentir.
Al amor tan dulce y puro lo condenan a morir
Y tu Nemesia que sola
soportó todo el dolor,
como una paloma herida,
lloró en brazos del Señor.
En las noches y alboradas sin poderte resignar
buscaste tu amor querido en una estrella fugaz,
pero el manto del olvido jamás logró conseguir
borrar aquella pasión porque el rostro de tu amada
perduró en tu corazón.
Eva Romero de Torres
El profundo dolor
En la estancia "El Porvenir"
antes que tu amor llegara
en reunión con la peonada
en tu guitarra querida
con sentimiento cantabas.
La pasión por tu Nemesia
se hizo capullo de flor.
Humilde, sencilla y pura
conquistó tu corazón.
Más aquello era imposible,
no supieron comprender
y a tu Nemesia alejaron
sin importarles el dolor
que a tu alma le causaban
alejándote el amor.
Aquel amor de tu vida
nadie lo pudo borrar.
Nemesia lloró por ti
y la pena la mató.
Cuando tu fuiste a buscarla
ella estaba junto a Dios.
Solitario tú lloraste
con el profundo dolor.
Dios curó tus cicatrices
otorgándote el "don"
de curar a inocentes
con ternura y con amor.
Eva Romero de Torres