La profecía de don Pancho Sierra
De esta forma, mis queridos hermanos espirituales, llegamos en este relato a mediados del año 1891, el útimo en la existencia del Gaucho Santo de Pergamino.
En una hermosa casona del pueblo de Saladillo, en la Pcia, de Bs. Aires vivía el matrimonio Subiza. Los Subiza eran uno de los más acaudalados habitantes de aquel hemoso y pintoresco pueblo pero en aquella honorable familia vivían en esos momentos horas de angustia e incertidumbre pues acababan de volvre de Bs. Aires, donde después de varias semanas de estudio, los médicos practicantes habían desahuciado a la joven señora María Loredo de Subiza, atacada de un tumor en el pecho.
Esta hermosa dama de 38 años de edad estaba casada en segundas nupcias con don Aniceto Subiza, dueño de vrios matarifes situados en Saladillos ; además, estaba emparentada con familias de alto estirpe y honda raigambre en la sociedad.
El señor Aniceto Subiza no tenía consuelo al comprobar que la salud de du esposa se quebrantaba cada día más y que el diagnóstico que había dado la ciencia no podía ser peor.
Ella lo sabía también y, como era una mujer profundamente religiosa, estaba entregada en cuerpo y alma a la voluntad de Dios.
Pero Dios, mis queridos hermanos, siempre nos enviará un alma buena en nuestro camino; a lo mejor, cuando creemos que ya todo está perdido, alguien nos tenderá una mano si somos buenos y sabemos cumplir con las virtudes teológicas:
Fe, Esperanza y Caridad.
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