Fe, Esperanza y Caridad
Estando una tarde la señora María Loredo de Subiza descansando sentada bajo la frondosa arboleda de su residencia,y al verla tan pálida y con un dejo de tristeza en su mirada, se le acercó una criada y con mucho respeto le dijo: "Señora María, ¿Me permite una pregunta?....¿Usted no oyó hablar de Pancho Sierra....?". La joven señora le respondió: "No,no lo conozco....". Entonces la criadita le dijo con énfasis:" Mire señora, es un gaucho muy bueno que hace verdaderos milagros con una oración y un vaso de agua. Yo tuve la oportunidad de conocerlo en Buenos Aires en una casa de la calle Nueva Granada. Ha sanado a muchos desahuciados y ahora se encuentra en el pueblo de Pergamino....¿Porqué no lo vamos a ver?...." La señora María, mirando a la muchacha con una sonrisa le respondió: "Que podrá hacerme ese hombre a mí, si yo ya estoy perdida?....".Tú sabes que mi mal es incurable, y te agradezco tu preocupación por mí pero que se cumpla la santa voluntad de Dios en mi, pues me han visto tantos médicos, he tomado tantos remedios que hasta hoy estoy perdiendo la dentadura y todos coinciden en lo mismo, solamente un milagro me puede salvar..
Pancho Sierra ronda la mente de María Subiza
Esa misma noche sucedió algo notable: Maria Loredo de Subiza no podía conciliar el sueño y ese nombre, Pancho Sierra, repiqueteaba en su mente como si una fuerza superior le indicara que una esperanza podría existir como último recurso en su vida. A la mañana siguiente, al levantarse, le comentó a su esposo que estaba decidida a viajar a Pergamino acompañada por la criada y su cochero. Su esposo le aceptó la peticion y, luego de recomendarles a los acompañantes las precauciones para el largo viaje, se preparó todo para la partida al día siguiente hacia Pergamino.
En aquellos días y largas horas de viaje, una esperanza llenaba el corazón de María Loredo de Subiza, y en la medida que la distancia se acortaba sentía más nunca el deseo de estar frente a aquel gaucho que como último recurso iba a ver impulsada por una fuerza superior.
Tras largos días de fatigoso viaje, el carruaje ya estaba entrando en el pueblo de Pergamino y rápidamente les indicaron el lugar donde se encontraba la estancia "El Porvenir".
Todos los presentes volvieron la vista al ver detenerse un lujoso carruaje frente a la tranquera de la estancia: era ya el atardecer y al ver descender del coche a una hermosa dama lujosamente ataviada pero con una extrema palidez en su rostro, que le otorgaba y hacía resaltar aún más su belleza ; los ojos de toda esta gente estaban sobre ella.
En esos momentos don Pancho Sierra se encontraba siempre atendiendo a un grupo de creyentes, y al ver a la bella mujer en la entada de la estancia avanzó hacia ella y le dijo: "Acercate m'hija, bienvenida seas...".
Un estremecimiento corrió por todo el cuerpo de Maria, Era una mezcla de miedo y de emoción a la vez, algo que ella misma no se podía explicar.
Luego Pancho Sierra, colocando su mano en el hombro de la mujer, le dijo con una sonrisa: "Vos no querías venir a verme, ¿verdad?.....pero yo hace mucho tiempo que te estaba esperando...". Luego le preguntó: "¿ Y tu marido?" Ella un poco nerviosa, le respondió:" No ha podido acompañarme pues se encuentra muy ocupado con sus negocios....".
Pancho Sierra elevó su mirada al cielo y acariciándose la barba dirigió luego la mirada hacia la joven mujer y la sorprendio con esta pregunta: "¿Si se te muere ?
Ella sorprendida y angustiada, le respondió:"Por Dios, no diga usted eso...Yo sé que usted lo cuidará..."
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