Pancho Sierra profetiza a María Loredo de Subiza que es la elegida para continuar un grandiosa misión
Fue entonces que ese momento Pancho Sierra profetizó: "María, tu segundo esposo pronto morirá, y tú no tendrás más hijos de tu carne pero tendrás miles de hijos espirituales porque tendrás que seguir una misión más grande que la de una esposa y una madre, tú eres la elegida y se cumplirá sobre tí la voluntad del Supremo...".
Luego, dándole el vaso de agua del famoso aljibe, rezaron juntos la tradicional oración y colocándole la mano sobre su cabeza, Pancho Sierra continuó diciendole: " Tu dolencia desapárecerá y no es esta agua la que te sanará, sino tu infinita fe en Dios; no creo que nos volvamos a ver pero recuerda que deberás cumplir con tu misión hasta el último día de tu vida, y yo sé que tu gran anhelo es tener hijos. Tuviste uno, en tu primer matrimonio y se te murió, pero te repito que tendrás miles de hijos espirirituales que hasta por debajo de la mesa andarán.....".En esos momentos, María Loredo de Subiza sintió una sensación de paz en su alma, como nunca lo había sentido, y con los ojos llenos de lágrimas respondió: " Me casé muy joven, perdí a mi hijito y a mi primer esposo, he pasado duras pruebas
y ahora paso otra con mi salud, pero si una misión me encomienda Dios en la vida, que se cumpla su santa y poderosa voluntad....".
Aquel memorable encuentro sería el comienzo del apostolado de la que más tarde sería llamada por innumerables adeptos Madre María.
Durante las largas horas de regreso, María se sentia confundida, todo aquello le parecía un sueño, pero desde el fondo de su alma se senía segura y fuerte para lo que Dios quisiera depararle.
Queridos hermanos, mucho se ha escrito sobre el memorable encuentro de María Loredo de Subiza y Pancho Sierra, y ya saben ustedes que todo lo que don Pancho profetizo se cumplió. A los pocos meses de su visita a Pergamino, María Loredo de Subiza estaba prácticamente curada de su dolencia, otra vez su rostro estaba sonrosado, otra vez tenia ganas de vivir y agradecía infinitamente a Dios haber podido llegar al encuentro de Pancho Sierra.53
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